miércoles, 12 de agosto de 2009

Transparencia para elegir jueces

Roberto Saba

En 2003 el Poder Ejecutivo y el Senado de la Nación tomaron decisiones tendientes a hacer más transparente y participativo el procedimiento de designación de jueces de la Corte Suprema. A través del decreto 222, el presidente Kirchner se “autolimitó” comprometiéndose a hacer públicos los nombres de los candidatos por él propuestos para cubrir las vacantes que surgieran en ese Tribunal. El objeto de esta decisión fue someter a las personas nominadas al escrutinio público y a la crítica de la ciudadanía, antes de decidir si se enviarían o no sus pliegos al Senado para su aprobación.

Esa Cámara, por otra parte, modificó su reglamento y abrió una etapa en la que los miembros de la Comisión de Acuerdos, en audiencia pública, interrogarían a los candidatos sobre sus ideas acerca de cómo interpretarían y aplicarían la Constitución.

lunes, 3 de agosto de 2009

El derecho al voto en prisión

Leonardo Filippini

El proceso de diálogo propuesto ahora por el Ejecutivo presta atención, entre otros temas, al alcance y al ejercicio del derecho al voto. La ocasión sirve de excusa para revisar nuestro compromiso con el voto universal y para reflexionar, bajo esa luz, sobre la situación de las personas detenidas. Los momentos en los cuales la opinión de cada uno vale lo mismo son muy escasos, y debemos mirar con cautela la exclusión de cualquier grupo del padrón.

Si valoramos la pluralidad de voces y creemos en el diálogo, la limitación de la participación política de un grupo limita también al conjunto de la comunidad.

sábado, 27 de junio de 2009

Represión o prevención: la justicia juvenil en la encrucijada

Por Mary Beloff

Existe hoy en el país un consenso generalizado acerca de que debe modificarse la justicia juvenil.

Lo que llama la atención es que no esté claro para qué se la quiere cambiar ni en qué sentido: para responder a un delito gravísimo de trascendencia mediática bastaría con reducir la edad y aumentar las penas; en cambio para garantizar derechos a los imputados bastaría con modificar algunas leyes procesales en aquéllos casos en los que aún no hayan sido actualizadas.

Por más elevados y razonables que sean los motivos que se aleguen no es lo mismo cambiar una ley que cambiar un sistema; no da lo mismo cambiar un régimen para meter más jóvenes en la cárcel que cambiarlo para reducir el número de menores de edad criminalizados.